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Tag Archives: hijo

A veces la vida no nos va bien. A mi la vida me ha ido siempre aceptablemente bien. Pero últimamente con los hijos la vida nos ha dado algunos palos. Es cierto que no son gravísimos, podían ser peores, pero el que no tiene desgracias mayores las vive como si fueran enormes.

Es como si te hubieran arreado un palo en las costillas. Una vez que ya pasó no duele el golpe. Sin embargo cada vez que te mueves las notas crujir y sientes el cuerpo dolorido cuando respiras hondo. A lo mejor el golpe fue hace mucho pero te dejó mal cuerpo, te dejó baldao, herido.

Nuestro hijo mayor terminó el bachillerato en los años que le correspondía a base de tirar su madre y yo de él. Aquellos años también los vivimos con preocupación y tristeza. Cuando comenzó la Universidad sufrimos un espejismo. Pensamos que quizá habría cambiado, que quizá se habría hecho responsable y ahora sí, comenzaría a estudiar la carrera en serio. No queríamos ver la realidad. Se metió en Informática y sus padres, soñando con que el niño fuera informático cerramos los ojos a su pésimo bachillerato, a su baja formación matemática y física, a su escaso hábito de estudio.

No aprobró ninguna en el primer semestre, y cuando parecía que podía aprobar el álgebra en el segundo suspendió todas. TODAS. Era mucha carrera para tampoco alumno. En septiembre

Se ha cambiado a Empresariales. No le daba la nota para entrar en Economía. Su madre, que hizo Derecho y que siempre le ha gustado la economía quería irle vigilando las asignaturas, pero le va a ser muy dificil. Tiene un horario todo de tarde. De cuatro a nueve. Mi mujer trabaja por las mañanas. ¿Será él capaz de levantarse solo a estudiar? Parece que hubiera empezado con más ilusión pero nos angustia pensar que se repita lo del año anterior.

Ahora la que nos da disgustos es Elena. No sabemos si fuma pero lo sospechamos. Ya sé que no es una cosa gravísima pero … ¿qué necesidad tiene de fumar?

Está en cuarto de la ESO pero le han quedado pendientes dos de tercero: La física y las matemáticas. Yo dirigí sus estudios este verano, quizá pensé que exigirían menos o lo hice con torpeza, no sé. Suspendió en septiembre las dos había de aprobar.

Además hemos descubierto que miente mucho. Esto es lo que más nos preocupa ultimamente. Estamos pensando consultar a un psicólogo. Se engaña hasta a sí misma. Es tremendo. Le crea problemas con los amigos.

También nos preocupa que no tenga una amiga del alma, ni tenga unos amigos fijos, ni una pandilla. No es que no sepa relacionarse, tiene muchos conocidos pero no parece que cuaje una relación etable con nadie. En fin, estamos un momento de crisis.

Cuando Pilar la riñe sufro mucho. Mi esposa es extremada, poco asertiva. Se pone hecha un basilisco. Me duele esa violencia verbal entre ellas que otro lado a veces mi hija se merece.

Es dificil educar a los hijos. Muy dificil. Estoy pasando unos dias malos.

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Una de las cosas más importantes que creo que hay que enseñar a los jóvenes (a los hijos) es a dominar el impulso. Para conseguir determinados deseos (pensados) hay que aprender a reprimir otros deseos vividos.

 

For example: Para aprobar un examen hay que reprimir el deseo de pasar las tardes anteriores tirado al sol en  un jardin con los amigos, aunque el deseo de hacer esto último sea muy intenso y esa actividad muy deseable.

 

Siempre he sido muy duro conmigo mismo a la hora de juzgarme, quizá excesivamente crítico, despiadado en la autocrítica. Con el tiempo he aprendido a suavizarla y a perdonar mis muchas debilidades.

 

Creo que al juzgar a mi hijo le he querido exigir desde muy joven cosas que quizá yo he conseguido tras muchos años. También he sido implacable en la crítica. Seguramente no he hecho bien, no lo cuento orgulloso, lo cuento porque es así. A veces creo que he llegado a despreciarlo. Como pensando… vale menos que yo. Es triste y es horroroso pero es así.

 

Ayer recuperé mi fe en él.

 

No es la primera vez que dice que hará algo y luego se rinde al deseo más inmediato y se deja llevar por sus ganas abandonando el propósito inicial.

 

Hace una semana dijo que se levantaría temprano para ir a la biblioteca. Pensé: se terminará quedando en la cama. Y así fue. No le dije nada. Ya me tiene acostumbrado.

 

Hace dos días volvió a hacer el mismo propósito y dijo: “No sé si mañana me levantaré temprano para coger sitio en la biblioteca”.

Le respondí amargo: “Yo sí lo sé”.

No hubo que decir nada más. Lo entendió perfectamente y dijo: “Pues a que me levanto”. Pasé de todo. No creía que lo hiciera. Seguramente mi frase era un reto. Deseaba que me quitara la razón pero tenía poca fe en que así fuera. No quería amargarme viéndolo fracasar de nuevo.

 

Ayer se marchó de casa antes que yo, algo que sucede muy raras veces. Como un valiente. Luego no dijo nada. No me recordó que me había equivocado. Quizá no le ayudó a levantarse el hecho de  “darme en las narices”, quizá lo hizo porque sabía que le convenía irse temprano a estudiar. Aunque supongo que también el deseo de negar la pobre imagen que su padre mostraba de él ayudó un poquito.

 

Me alegró mucho que venciera el deseo de quedarse en la cama. Quizá sea injusto con él. Quizá el dominio que yo tengo de mis deseos más inmediatos lo he conseguido con los años y no puedo exigírselo a él tan joven o no puedo esperarlo de él para lo que yo creo y cuando yo creo. Quizá sea así. Estoy muy contento de haber visto que ha sido capaz de darse una orden a si mismo sin que se la diera su padre.