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Tag Archives: educación

Hoy hemos dejado salir a mi hija hasta las 11:30. Era algo excepcional. Nunca llega más tarde de las 10.

 

Iba con otra amiga. Se supone que la acompañaba al sitio donde sus padres la recogían y volvía a casa.

 

A las doce menos veinte he llamado a la amiga porque ella no me cogía el teléfono. Me ha dicho que ella ya estaba en casa y se extrañó que María no hubiera llegado. Su madre y yo hemos salido a buscarla a la calle. Su madre por un lado y yo por otro, cada uno con su móvil, a ver si la veíamos llegar. Sinceramente, aunque me he puesto nervioso, no pensaba que le pasara nada pero la imaginación es libre y a veces se me ocurrían otras posibilidades.

 

En realidad ya nos tiene acostumbrados a no llegar a la hora que le decimos. Siempre se tiene que retrasar un poco, pero hoy el primer día que salía un rato después de las 10 no creí que llegaría tan tarde. Ya ha tenido castigos fuertes por ese motivo. ¿No sabe calcular? ¿No es consciente de que los tres cuartos de hora que ha llegado tarde le van a costar un montón de días sin salir y cuando salga va a tener que volver a las 9:30? ¿No se le ocurría que llegar tarde podía suponerle quedarse sin el concierto de Extremoduro, su primer concierto, al que iba a ir dentro de una semana?

 

Su madre y yo nos hemos dado un disgusto tremendo.

 

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Han pasado los días y mi hija ha comenzado a pelear para conseguir ir al concierto. De ningún modo iba a ceder. Pero ha sido una batalla larga. Se pone a argumentar, me explica que para ella ese día significa mucho, que la castigue con otra cosa, y un largo et cetera. Cuando contraargumento no se rinde, es tenaz, sigue y sigue y sigue. El mayor es menos batallador. Le digo que el concierto no es negociable, que ese es el castigo principal. Pero por su conducta no parece que se lo termine de creer. Después de un rato largo llora y llora resignada, dice que no tiene ilusión por nada en la vida, que antes vivía con la esperanza del concierto, que se está matando a estudiar (cosa que es una verdad muy relativa) y que ya nada la anima a vivir. Aguanto el tirón aunque casi me dan ganas de llorar a mi, y así se lo digo. Por fin, parece que se resigna.

 

Pese a todo ha conseguido algo. Ha hecho patente que quedarse sin el concierto ha sido algo durísimo. Ha concentrado el castigo en el concierto, en principio la sanción era mucho mayor, suponía no conectarse a Internet, no salir ningún fin de semana… el concierto era sólo una cosa más.

 

En fin, tiene su dificultad esto de tener una hija adolescente.

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