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Una de las cosas más importantes que creo que hay que enseñar a los jóvenes (a los hijos) es a dominar el impulso. Para conseguir determinados deseos (pensados) hay que aprender a reprimir otros deseos vividos.

 

For example: Para aprobar un examen hay que reprimir el deseo de pasar las tardes anteriores tirado al sol en  un jardin con los amigos, aunque el deseo de hacer esto último sea muy intenso y esa actividad muy deseable.

 

Siempre he sido muy duro conmigo mismo a la hora de juzgarme, quizá excesivamente crítico, despiadado en la autocrítica. Con el tiempo he aprendido a suavizarla y a perdonar mis muchas debilidades.

 

Creo que al juzgar a mi hijo le he querido exigir desde muy joven cosas que quizá yo he conseguido tras muchos años. También he sido implacable en la crítica. Seguramente no he hecho bien, no lo cuento orgulloso, lo cuento porque es así. A veces creo que he llegado a despreciarlo. Como pensando… vale menos que yo. Es triste y es horroroso pero es así.

 

Ayer recuperé mi fe en él.

 

No es la primera vez que dice que hará algo y luego se rinde al deseo más inmediato y se deja llevar por sus ganas abandonando el propósito inicial.

 

Hace una semana dijo que se levantaría temprano para ir a la biblioteca. Pensé: se terminará quedando en la cama. Y así fue. No le dije nada. Ya me tiene acostumbrado.

 

Hace dos días volvió a hacer el mismo propósito y dijo: “No sé si mañana me levantaré temprano para coger sitio en la biblioteca”.

Le respondí amargo: “Yo sí lo sé”.

No hubo que decir nada más. Lo entendió perfectamente y dijo: “Pues a que me levanto”. Pasé de todo. No creía que lo hiciera. Seguramente mi frase era un reto. Deseaba que me quitara la razón pero tenía poca fe en que así fuera. No quería amargarme viéndolo fracasar de nuevo.

 

Ayer se marchó de casa antes que yo, algo que sucede muy raras veces. Como un valiente. Luego no dijo nada. No me recordó que me había equivocado. Quizá no le ayudó a levantarse el hecho de  “darme en las narices”, quizá lo hizo porque sabía que le convenía irse temprano a estudiar. Aunque supongo que también el deseo de negar la pobre imagen que su padre mostraba de él ayudó un poquito.

 

Me alegró mucho que venciera el deseo de quedarse en la cama. Quizá sea injusto con él. Quizá el dominio que yo tengo de mis deseos más inmediatos lo he conseguido con los años y no puedo exigírselo a él tan joven o no puedo esperarlo de él para lo que yo creo y cuando yo creo. Quizá sea así. Estoy muy contento de haber visto que ha sido capaz de darse una orden a si mismo sin que se la diera su padre.

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One Comment

    • gliptodonte
    • Posted junio 6, 2008 at 3:38 pm
    • Permalink

    Hoy en la comida, este post lo escribi a las 7 de la mañana, mi hijo me ha recordado que ya lleva dos días levantandose temprano para ir a la biblioteca. Hoy también lo ha hecho, es el segundo día.

    Me ha dicho que el primero, cuando entró en nuestra habitación para coger una cosa, nosotros aún dormíamos, le dije “enhorabuena, hijo mío”.

    No lo recordaba.


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