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Cuando yo era niño mi madre hacía ella misma dulce de membrillo y lo guardaba en lo alto de los armarios de la cocina en unas latas metálicas y rectangulares de colores muy vivos.

 

Este texto podía homenajear a Proust y hablar de cómo el sabor de membrillo me retrotrae a la infancia, pero no.

 

Cuando yo era joven fui una vez a un curso de naturismo. Fue una acampada organizada por unos macrobióticos nudistas que me explicaron que cagar sentado era antinatural y durante varios años, bajo su influencia, lo hice en cuclillas subido encima de la taza del water.

 

Este texto podía hablar de la impresión que me causó, a la hora del baño en el río, ver por primera vez mujeres desnudas, pero no.

 

Dice Zubiri que la historia no es una ciencia del pasado sino del presente. La estudiamos para entender cómo somos. Lo que cuento no habla del ayer sino del hoy: de las almorranas de ahora mismo.

 

Este texto podía ser el preámbulo de un anuncio de Hemorrane, pero no. Esa pomada ni me alivia el dolor ni me quita el picor.

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Cuando yo era niño mi madre hacía ella misma dulce de membrillo y lo guardaba en lo alto de los armarios de la cocina en unas latas metálicas y rectangulares de colores muy vivos.

Este texto podía homenajear a Proust y hablar de cómo el sabor de membrillo me retrotrae a la infancia, pero no.

Cuando yo era joven fui una vez a un curso de naturismo. Fue una acampada organizada por unos macrobióticos nudistas que me explicaron que cagar sentado era antinatural y durante varios años, bajo su influencia, lo hice en cuclillas subido encima de la taza del water.

Este texto podía hablar de la impresión que me causó, a la hora del baño en el río, ver por primera vez mujeres desnudas, pero no.

Dice Zubiri que la historia no es una ciencia del pasado sino del presente. La estudiamos para entender cómo somos. Lo que cuento no habla del ayer sino del hoy: de las almorranas de ahora mismo.

Este texto podía ser el preámbulo de un anuncio de Hemorrane, pero no. Esa pomada ni me alivia el dolor ni me quita el picor.

Durante este tiempo que no he escrito hemos vivido una nueva crisis con Elena. Otro engaño y un enfado mío morrocotudo. Fue el lunes y aún no me he repuesto del todo aunque no estoy tan triste como el martes o el miércoles. Ella vuelve al buen rollo enseguida y el trato es normal en la vida diaria pero hay una niebla de tristeza en toda la casa. Inevitablemente.

Hoy, Columna, mi mujer se ha ido de excusión con las compañeras del Instituto. Ha sido un día un poco aburrido. My son se marchó ayer al pueblo a pasar dos días con los amigos. He estado sólo con Elena, practicando operaciones con potencias y estudiando el romanticismo de Rosalía de Castro. Tiene examen el lunes.

No es esta una buena época de mi vida. No tengo ningún proyecto vital ilusionante y tengo las preocupaciones filiales que lastran mi alegría.

Empecé con mucha gana el inglés pero ya he parado. es triste pero creo que no le voy a aprender, aunque el lunes empezamos las clases de Thats english.

No echo nada de menos el blog que escribía. Es como si hubiera sido una fase de la vida y de momento hubiera pasado. Ahora no tengo internet, sólo lo miro en el insti. En este momento estoy en casa de my mother (dos pisos más abajo) conectado en una red que se pilla. Quizá por eso hoy ha sido más aburrido, no he perdido con la red el tiempo que suelo perder.

Elena tiene ahora la edad de los alumnos a los que yo doy clase (cuarto de la ESO). Tengo la sensación de que no es muy buena alumna. Por un momento se me ha pasado por la cabeza que quizá no haga carrera universitaria. No sé por qué he pensado eso. Antes tendrá que terminar la ESO y aprobar el bachillerato.

Ayer conté lo de mi hijo y es cierto que fue un golpe fuerte, que ha sido un golpe este septiembre cuando le han dado las notas, pero ya está asumido.

La que me duele ahora es mi hija. Tenemos “tocatambor” con ella casi todos los días. Hoy ha leido “el niño con el pijama de rayas” y luego hemos ido al cine a ver la película. Esa ha sido la parte buena. La mala es que al llegar a casa mi mujer ya había descubierto una mentira de ayer.

Mi mujer quiere que no salga los fines de semana. Dice que ya tiene sufientes salidas durante la semana: va a violonchello, a teatro, a clases de inglés, a baile (sabados por la mañana). ¡Qué dificil es tener una hija adolescente! Mi mujer cree que tiene la solución con esa prohibición pero yo no lo veo muy viable.

También dice que vengan los amigos a casa. Quizá no sea mala solución.

Es tremendo. Nunca creí que me apeteciera más ir a trabajar que estar en casa. Pero la verdad es que durante esta temporada estar en clase me parece un descanso.

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A veces la vida no nos va bien. A mi la vida me ha ido siempre aceptablemente bien. Pero últimamente con los hijos la vida nos ha dado algunos palos. Es cierto que no son gravísimos, podían ser peores, pero el que no tiene desgracias mayores las vive como si fueran enormes.

Es como si te hubieran arreado un palo en las costillas. Una vez que ya pasó no duele el golpe. Sin embargo cada vez que te mueves las notas crujir y sientes el cuerpo dolorido cuando respiras hondo. A lo mejor el golpe fue hace mucho pero te dejó mal cuerpo, te dejó baldao, herido.

Nuestro hijo mayor terminó el bachillerato en los años que le correspondía a base de tirar su madre y yo de él. Aquellos años también los vivimos con preocupación y tristeza. Cuando comenzó la Universidad sufrimos un espejismo. Pensamos que quizá habría cambiado, que quizá se habría hecho responsable y ahora sí, comenzaría a estudiar la carrera en serio. No queríamos ver la realidad. Se metió en Informática y sus padres, soñando con que el niño fuera informático cerramos los ojos a su pésimo bachillerato, a su baja formación matemática y física, a su escaso hábito de estudio.

No aprobró ninguna en el primer semestre, y cuando parecía que podía aprobar el álgebra en el segundo suspendió todas. TODAS. Era mucha carrera para tampoco alumno. En septiembre

Se ha cambiado a Empresariales. No le daba la nota para entrar en Economía. Su madre, que hizo Derecho y que siempre le ha gustado la economía quería irle vigilando las asignaturas, pero le va a ser muy dificil. Tiene un horario todo de tarde. De cuatro a nueve. Mi mujer trabaja por las mañanas. ¿Será él capaz de levantarse solo a estudiar? Parece que hubiera empezado con más ilusión pero nos angustia pensar que se repita lo del año anterior.

Ahora la que nos da disgustos es Elena. No sabemos si fuma pero lo sospechamos. Ya sé que no es una cosa gravísima pero … ¿qué necesidad tiene de fumar?

Está en cuarto de la ESO pero le han quedado pendientes dos de tercero: La física y las matemáticas. Yo dirigí sus estudios este verano, quizá pensé que exigirían menos o lo hice con torpeza, no sé. Suspendió en septiembre las dos había de aprobar.

Además hemos descubierto que miente mucho. Esto es lo que más nos preocupa ultimamente. Estamos pensando consultar a un psicólogo. Se engaña hasta a sí misma. Es tremendo. Le crea problemas con los amigos.

También nos preocupa que no tenga una amiga del alma, ni tenga unos amigos fijos, ni una pandilla. No es que no sepa relacionarse, tiene muchos conocidos pero no parece que cuaje una relación etable con nadie. En fin, estamos un momento de crisis.

Cuando Pilar la riñe sufro mucho. Mi esposa es extremada, poco asertiva. Se pone hecha un basilisco. Me duele esa violencia verbal entre ellas que otro lado a veces mi hija se merece.

Es dificil educar a los hijos. Muy dificil. Estoy pasando unos dias malos.

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Estoy eufórico. He vuelto de un viaje de 14 días y ahora veo mi casa y mi tiempo lleno de posibilidades. Repaso los blogs conocidos, llenos de sugerencias y me dan muchas ganas de escribir, de leer, de ver cine. Es una ansiedad conocida cuando tengo tiempo libre.

 

Mañana domingo al pueblo con mi hijo, campo, baños de agua fría, amigos a los que solo veo en verano. Me encanta vivir. lo paso muy bien. Y al tiempo muy mal. Pero hoy estoy contento. Viva la vida. Dulce es vivir.

Ya se puede decir que tengo vacaciones aunque no las tenga aún legalmente. Mañana entregamos notas. Ya se han acabado los agobios. Mi hija está bien. Aunque le van a quedar dos. Siento un gran descanso. En la primera quincena de julio me marcho con la caravana y con my wife. Elena se va a london con mi hermano. Ya os contaré.

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El fin de curso es horroroso. No hay ganas de hacer absolutamente nada.

 

Mi hija ha ido arrastrando la Física, las matemáticas y la biología todo el curso. Ahora tiene que recuperar un montón. Imposible. Además examen de formulación que no entiende y en la que me siento incapaz de ayudarla. Sólo queda una semana pero es una semana triste. Ahora mismo firmaba para que le quedaran las tres y se acabara la incertidumbre y el remordimiento por verla estudiar para nada.

 

No me importa estudiar con ella en Agosto. Lo haré gustoso, aprendo mucho. Sobre todo si me lo planteo como la ocupación de las mañanas del verano (de Agosto). Paso la tarde haciendo el tonto y perdiendo el tiempo con remordimientos.

Al final del curso ya no puedo más. Daría lo que fuera por evitar esta semana. Ya no cabe más en el vaso. Uf, qué necesidad de verano.

 

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Al final de curso siempre está uno cansado.

Es un cansancio crónico y resultado de todo el curso.

Ya no tienes ganas de apoyar a los niños en los estudios. Ya casi todo te da lo mismo. Dices: que sea lo tenga que ser, yo ya no lucho más. Ahora tengo menos trabajo, estoy asistiendo a selectividad, pero el caso es que estoy cansado. He perdido la tarjeta del coche donde te indica cuando tienes que volver a cambiar de aceite. Creo que ya me tocaba. Pero la he perdido y no deja de ser un pequeño problema más.

Por un lado quiero ir a Italia, por otro es un esfuerzo más, pendiente del coche, de la caravana…

Somos totalmente novatos y vamos a estrenarnos a Venecia. Fui a terminar de arreglar las luces y no pueden traer la pieza mientras dure la huelga del transporte. La guía de Campings es un lío. No tenemos un buen mapa de Francia. El GPS supongo que nos llevará pero no funciona también como a mí me gustaría. En fin, que hoy estoy un poco desanimado.

A Elena no sé cuantas le van a quedar pero le van a quedar algunas. No tengo fuerzas para dar el último empujón con ella. Uf…

Una de las cosas más importantes que creo que hay que enseñar a los jóvenes (a los hijos) es a dominar el impulso. Para conseguir determinados deseos (pensados) hay que aprender a reprimir otros deseos vividos.

 

For example: Para aprobar un examen hay que reprimir el deseo de pasar las tardes anteriores tirado al sol en  un jardin con los amigos, aunque el deseo de hacer esto último sea muy intenso y esa actividad muy deseable.

 

Siempre he sido muy duro conmigo mismo a la hora de juzgarme, quizá excesivamente crítico, despiadado en la autocrítica. Con el tiempo he aprendido a suavizarla y a perdonar mis muchas debilidades.

 

Creo que al juzgar a mi hijo le he querido exigir desde muy joven cosas que quizá yo he conseguido tras muchos años. También he sido implacable en la crítica. Seguramente no he hecho bien, no lo cuento orgulloso, lo cuento porque es así. A veces creo que he llegado a despreciarlo. Como pensando… vale menos que yo. Es triste y es horroroso pero es así.

 

Ayer recuperé mi fe en él.

 

No es la primera vez que dice que hará algo y luego se rinde al deseo más inmediato y se deja llevar por sus ganas abandonando el propósito inicial.

 

Hace una semana dijo que se levantaría temprano para ir a la biblioteca. Pensé: se terminará quedando en la cama. Y así fue. No le dije nada. Ya me tiene acostumbrado.

 

Hace dos días volvió a hacer el mismo propósito y dijo: “No sé si mañana me levantaré temprano para coger sitio en la biblioteca”.

Le respondí amargo: “Yo sí lo sé”.

No hubo que decir nada más. Lo entendió perfectamente y dijo: “Pues a que me levanto”. Pasé de todo. No creía que lo hiciera. Seguramente mi frase era un reto. Deseaba que me quitara la razón pero tenía poca fe en que así fuera. No quería amargarme viéndolo fracasar de nuevo.

 

Ayer se marchó de casa antes que yo, algo que sucede muy raras veces. Como un valiente. Luego no dijo nada. No me recordó que me había equivocado. Quizá no le ayudó a levantarse el hecho de  “darme en las narices”, quizá lo hizo porque sabía que le convenía irse temprano a estudiar. Aunque supongo que también el deseo de negar la pobre imagen que su padre mostraba de él ayudó un poquito.

 

Me alegró mucho que venciera el deseo de quedarse en la cama. Quizá sea injusto con él. Quizá el dominio que yo tengo de mis deseos más inmediatos lo he conseguido con los años y no puedo exigírselo a él tan joven o no puedo esperarlo de él para lo que yo creo y cuando yo creo. Quizá sea así. Estoy muy contento de haber visto que ha sido capaz de darse una orden a si mismo sin que se la diera su padre.